Editor: Antenor Maraví
Confidencias en Alta Voz

miércoles, 13 de mayo de 2009

BOLIVIA PODRÍA ROMPER RELACIONES CON PERÚ, DEBIDO A LA PROTECCIÓN DE PRÓFUGOS BOLIVIANOS POR ALAN GARCÍA


Bolivia analiza la posibilidad de romper relaciones diplomáticas con Perú por refugio político.


El presidente Evo Morales abrió este miércoles la posibilidad de que Bolivia rompa relaciones diplomáticas con el Perú, después de que el gobierno de Alan García otorgó refugio a tres ex ministros de Gonzalo Sánchez de Lozada acusados de genocidio.
Morales, en conferencia de prensa realizada en la ciudad de La Paz, dijo que “oportunamente se definirá” si se rompen relaciones diplomáticas o no con Perú, al asegurar que su homólogo peruano defiende a “delincuentes” acusados de genocidio como lo hacía el ex presidente estadounidense, George W, Busch.
“Antes el presidente Busch acogía, recogía y protegía a los delincuentes, ahora lo hace Alan García en Perú, estamos analizando seriamente estas actitudes del presidente peruano y su gobierno, que ponen en alto riesgo las relaciones diplomáticas con el pueblo boliviano”, anunció.
Acotó que harán todas las consultas correspondientes para ver con mayor detalle la “seria provocación y agresión” del Presidente del Perú contra el gobierno, los movimientos sociales y el pueblo de Bolivia y Latinoamérica.
“Es una total y abierta provocación”, insistió Morales, al pedir a García revisar la decisión que tomó su gobierno de otorgar en la última semana refugio político a Mirtha Quevedo, Jorge Torres Obleas, Javier Torres Goitia, ex ministros de Gonzalo Sánchez de Lozada.

Estado de Emergencia contra Indígenas en el Perú



El pasado miércoles seis de mayo el Consejo Directivo Nacional de la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (AIDESEP) hizo público un pronunciamiento denunciando que el Gobierno ha emprendido la política de “agredir sin miramientos”. La respuesta gubernamental ha venido a confirmar el motivo de la denuncia. El viernes ocho se acuerda, el sábado nueve se publica y el domingo diez entra en vigor un Decreto Supremo de la Presidencia del Consejo de Ministros, refrendado por el Ministro de Defensa, la Ministra del Interior, la Ministra de Justicia y el Ministro de Energía y Minas, decretando el Estado de Emergencia en diversos distritos de los Departamento de Cusco, Ucayali, Loreto y Amazonas, las zonas indígenas donde se desarrolla una fuerte movilización desde hace un mes.
El decreto de declaración de tal estado de excepción explica en un enfático preámbulo que las actividades de las empresas extractoras que operan en los territorios indígenas del caso son de “interés público” al tiempo que guarda el más clamoroso silencio sobre los derechos de los pueblos que los habitan desde tiempos anteriores a la presencia no sólo de las empresas, sino también del Estado peruano mismo. El pronunciamiento de la AIDESEP se refiere a esto segundo: “En nuestros territorios no hemos consentido la presencia de empresa alguna, por no haber sido consultados de conformidad con lo que disponen las normas internacionales como el Convenio 169-OIT y la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas del mundo”. No sólo se trata de una presencia humana, sino también del derecho que le corresponde a ser consultada conforme al ordenamiento internacional de los derechos humanos.
En concreto, la movilización indígena, movilización que viene desarrollándose en las últimas semanas y que la declaración del estado de excepción intenta doblegar, reclama la derogación de nueve decretos extremamente lesivos para indígenas que se aprobaron sin consulta bajo la cobertura forzada de las facultades extraordinarias conferidas por el Congreso al Gobierno para “facilitar la implementación del Acuerdo de Promoción Comercial Perú-Estados Unidos”. El primero quedó habilitado durante buena parte del año pasado para promulgar decretos con pleno valor de ley sin control ninguno del Congreso, lo que se aprovechó para dictar unos cuantos contra los derechos de los pueblos indígenas, unos derechos que el propio Gobierno está comprometido internacionalmente a reconocer y garantizar.
En realidad eran once los decretos especialmente lesivos para indígenas, pero la movilización de hace diez meses ya condujo a la derogación de los dos peores. Para dirimir el problema de los restantes, a continuación se organizó en el Congreso una Comisión Multipartidaria Encargada de Estudiar y Recomendar la Solución a la Problemática de los Pueblos Indígenas. En diciembre pasado emitió su Informe sobre los Decretos Legislativos vinculados a los Pueblos Indígenas promulgados por el Poder Ejecutivo en virtud de la habilitación dicha. Su recomendación fue la de que se tomara seriamente en consideración la derogación de todo ese manojo de decretos “por ser contrarios al orden constitucional referido a las comunidades campesinas y nativas, así como al derecho a la identidad étnica y cultural, y a la aplicación e interpretación de tratados”, como principalmente el mencionado Convenio 169, el Convenio de la Organización Internacional del Trabajo sobre Pueblos Indígenas y Tribales en Países Independientes.
Frente a la misma posición favorable a acordar la legislación con la Constitución y el derecho internacional, posición que ha venido ganando terreno en el seno del Congreso, el Gobierno ha impedido hasta hoy que se proceda a dicho reajuste del ordenamiento peruano. La AIDESEP ha propuesto la formación de una Mesa de Diálogo entre partes a la que el Gobierno ha respondido con el Estado de Emergencia o, mejor dicho, con las agresiones “sin miramientos” que se comenzaron a acometer sin la cobertura de dicha declaración de excepción y así atropellando la Constitución no sólo en cuanto al reconocimiento de derechos indígenas, sino también respecto a las garantías de las libertades más elementales. La declaración de emergencia se vale de la Constitución, que es todavía la fujimurista, para permitir el atropello de todo derecho de personas, comunidades y pueblos indígenas en las zonas que se especifican.
El decreto de declaración de la excepción activa la previsión del inciso primero del artículo 137 de la Constitución, conforme al cual, para el “caso de perturbación de la paz o del orden interno, de catástrofe o de graves circunstancias que afectan la vida de la Nación”, “dando cuenta al Congreso” y sin necesidad de su consentimiento, “puede restringirse o suspenderse el ejercicio de los derechos constitucionales relativos a la libertad y la seguridad personales, la inviolabilidad del domicilio, y la libertad de reunión y de tránsito en el territorio” durante el término máximo de sesenta días, prorrogables mediante nuevo decreto, sin más cautela sustancial que la de que “en ninguna circunstancia se puede desterrar a nadie”. El Gobierno no se contenta además con restringir, sino que suspende en su totalidad tales derechos para “la ejecución de acciones inmediatas” de un carácter encima militar. Imagínese lo que puede hacerse con todo esto frente a indígenas bajo la presión de las empresas extractoras.
Alberto Pizango, presidente de la AIDESEP, ha descalificado la medida como “una clara provocación y una alta agresión por parte de las empresas transnacionales que obedece el Gobierno peruano”. No es un juicio de intenciones. El decreto de excepción es transparente. Todo su preámbulo se dedica a exaltar el interés público de las empresas extractivas que están topando con una fuerte resistencia indígena en nombre, en cambio, de los derechos. Así de claro se plantea el conflicto por parte del propio Gobierno: intereses contra derechos.
Nota. Para antecedentes, pueden verse las entradas “Nación Camba, Pueblos Indígenas y Derecho Internacional en el Perú” (5/I/2009) y “Enredo normativo y derechos indígenas en el Perú” (4/III/2009).


(*)Miembro del Foro Permanente de Naciones Unidas para las Cuestiones Indígenas http://clavero.derechosindigenas.org

domingo, 10 de mayo de 2009

FELIZ DIA MADRE PERUANA




Antenor Maraví Izarra

Hay dos maneras de conocer la verdad en el mundo. Dos maneras de conocer la realidad profunda de las cosas. Una de ellas es a través de la inteligencia, por razonamiento, por encadenamiento lógico de las ideas, la demostración de las teorías y los principios científicos.
La otra manera de conocer la verdad es a través de la exaltación, por emoción. Por obra de un estado de gracia que ilumina al corazón; y le permite ver aquellas verdades que no pueden ser vistas con los ojos de la mente.
El amor de la Madre corresponde a este segundo lugar de la realidad y la búsqueda de la verdad, y es que, el solo hecho de pronunciar la palabra Madre, significa hablar y valorar nuestra propia vida. No hay medida ni acción que pueda superar su importancia en la formación del ser humano.
El poeta hindú Tagore, pinta en frases llenas de belleza un precioso diálogo entre una mujer y su niño: ¿De donde vine?, ¿Dónde me conociste?, preguntaba el niño a la madre. Y entre risas y suspiros la Madre contestó:
“…Estabas escondido en los deseos en mi corazón. Estabas en las muñecas y demás juguetes de mi infancia. Has vivido en todas mis esperanzas y amores. En mi juventud abría sus pétalos como un perfume alrededor del cual flotaba tu espíritu.
Tierno y débil florecías en mi interior como una luz en el cielo antes de nacer el sol. Cuando te contemplo me asalta el misterio. Tu perteneces a todo lo que es mío y por miedo a perderte te oprimo contra mi pecho”.
Estas bellas palabras del poeta Tagore, simbolizan el permanente diálogo interno que con su alma dirige toda Madre al ser más preciado de su vida que es el hijo. Por ello, desde los albores de la creación humana, desde la época del hombre primitivo hasta nuestros días, ningún hijo ha dejado de bendecir la existencia de la Madre.
El científico, el hombre de las artes, las letras; los representantes máximos de cuanta actividad humana, el hombre y la mujer común y corriente, desde el sitial, lugar o cargo que han desempeñado o desempeñan, nunca han dejado ni dejarán de reconocer la maravillosa presencia de la Madre en todas las latitudes.
De ahí que, aún cuando el deber de todos los hijos es proclamar y amarla todos los días, y no simplemente sujetarse al segundo Domingo del mes de Mayo. - Aún cuando se sigue exacerbando su imagen con el escarnio de la publicidad comercial – Saludamos hoy día a todas las madres del país y de manera especial a las incomparables madres de la región ICA.
Saludamos a las madres campesinas, de los clubes de madres y vaso de leche, saludamos a las madres de las zonas urbano marginales y a las numerosas madres madres desplazadas por la violencia provenientes de las zonas alto andinas de Ayacucho, Huancavelica y Apurímac que heroicamente, muchas de ellas sobreviven en la extrema pobreza, saludamos a la madre maestra, y de manera especial a las madres trabajadoras y periodistas de todos los medios de comunicación, que de manera infatigable y admirable comparten esa incesante y anónima tarea de informar y defender los derechos del pueblo peruano.

Disculpen la molestia ¿Es justa la justicia?



Quiero compartir algunas preguntas,moscas que me zumban en la cabeza. ¿Es justa la justicia? ¿Está parada sobre sus pies la justicia del mundo al revés? El zapatista de Irak, el que arrojó los zapatazos contra Bush, fue condenado a tres años de cárcel. ¿No merecía, más bien, una condecoración? ¿Quién es el terrorista? ¿El zapatista o el zapateado? ¿No es culpable de terrorismo el serial killer que mintiendo inventó la guerra de Irak, asesinó a un gentío y legalizó la tortura y mandó aplicarla?
¿Son culpables los pobladores de Atenco, en México, o los indígenas mapuches de Chile, o los kekchíes de Guatemala, o los campesinos sin tierra de Brasil, acusados todos de terrorismo por defender su derecho a la tierra? Si sagrada es la tierra, aunque la ley no lo diga, ¿no son sagrados, también, quienes la defienden?
Según la revista Foreign Policy, Somalia es el lugar más peligroso de todos. Pero, ¿quiénes son los piratas? ¿Los muertos de hambre que asaltan barcos o los especuladores de Wall Street, que llevan años asaltando el mundo y ahora reciben multimillonarias recompensas por sus afanes?
¿Por qué el mundo premia a quienes lo desvalijan?
¿Por qué la justicia es ciega de un solo ojo? Wal Mart, la empresa más poderosa de todas, prohíbe los sindicatos. McDonald’s, también. ¿Por qué estas empresas violan, con delincuente impunidad, la ley internacional? ¿Será porque en el mundo de nuestro tiempo el trabajo vale menos que la basura y menos todavía valen los derechos de los trabajadores?
¿Quiénes son los justos y quiénes los injustos? Si la justicia internacional de veras existe, ¿por qué nunca juzga a los poderosos? No van presos los autores de las más feroces carnicerías. ¿Será porque son ellos quienes tienen las llaves de las cárceles?
¿Por qué son intocables las cinco potencias que tienen derecho de veto en las Naciones Unidas? ¿Ese derecho tiene origen divino? ¿Velan por la paz los que hacen el negocio de la guerra? ¿Es justo que la paz mundial esté a cargo de las cinco potencias que son las principales productoras de armas? Sin despreciar a los narcotraficantes, ¿no es éste también un caso de “crimen organizado”?
Pero no demandan castigo contra los amos del mundo los clamores de quienes exigen, en todas partes, la pena de muerte. Faltaba más. Los clamores claman contra los asesinos que usan navajas, no contra los que usan misiles.
Y uno se pregunta: ya que esos justicieros están tan locos de ganas de matar, ¿por qué no exigen la pena de muerte contra la injusticia social? ¿Es justo un mundo que cada minuto destina tres millones de dólares a los gastos militares, mientras cada minuto mueren quince niños por hambre o enfermedad curable? ¿Contra quién se arma, hasta los dientes, la llamada comunidad internacional? ¿Contra la pobreza o contra los pobres?
¿Por qué los fervorosos de la pena capital no exigen la pena de muerte contra los valores de la sociedad de consumo, que cotidianamente atentan contra la seguridad pública? ¿O acaso no invita al crimen el bombardeo de la publicidad que aturde a millones y millones de jóvenes desempleados, o mal pagados, repitiéndoles noche y día que ser es tener, tener un automóvil, tener zapatos de marca, tener, tener, y quien no tiene, no es?
¿Y por qué no se implanta la pena de muerte contra la muerte? El mundo está organizado al servicio de la muerte. ¿O no fabrica muerte la industria militar, que devora la mayor parte de nuestros recursos y buena parte de nuestras energías? Los amos del mundo sólo condenan la violencia cuando la ejercen otros. Y este monopolio de la violencia se traduce en un hecho inexplicable para los extraterrestres, y también insoportable para los terrestres que todavía queremos, contra toda evidencia, sobrevivir: los humanos somos los únicos animales especializados en el exterminio mutuo, y hemos desarrollado una tecnología de la destrucción que está aniquilando, de paso, al planeta y a todos sus habitantes.
Esa tecnología se alimenta del miedo. Es el miedo quien fabrica los enemigos que justifican el derroche militar y policial. Y en tren de implantar la pena de muerte, ¿qué tal si condenamos a muerte al miedo? ¿No sería sano acabar con esta dictadura universal de los asustadores profesionales? Los sembradores de pánicos nos condenan a la soledad, nos prohíben la solidaridad: sálvese quien pueda, aplastaos los unos a los otros, el prójimo es siempre un peligro que acecha, ojo, mucho cuidado, éste te robará, aquél te violará, ese cochecito de bebé esconde una bomba musulmana y si esa mujer te mira, esa vecina de aspecto inocente, es seguro que te contagia la peste porcina.
En el mundo al revés, dan miedo hasta los más elementales actos de justicia y sentido común. Cuando el presidente Evo Morales inició la refundación de Bolivia, para que este país de mayoría indígena dejara de tener vergüenza de mirarse al espejo, provocó pánico. Este desafío era catastrófico desde el punto de vista del orden racista tradicional, que decía ser el único orden posible: Evo era, traía el caos y la violencia, y por su culpa la unidad nacional iba a estallar, rota en pedazos. Y cuando el presidente ecuatoriano Correa anunció que se negaba a pagar las deudas no legítimas, la noticia produjo terror en el mundo financiero y el Ecuador fue amenazado con terribles castigos, por estar dando tan mal ejemplo. Si las dictaduras militares y los políticos ladrones han sido siempre mimados por la banca internacional, ¿no nos hemos acostumbrado ya a aceptar como fatalidad del destino que el pueblo pague el garrote que lo golpea y la codicia que lo saquea?
Pero, ¿será que han sido divorciados para siempre jamás el sentido común y la justicia?
¿No nacieron para caminar juntos, bien pegaditos, el sentido común y la justicia?
¿No es de sentido común, y también de justicia, ese lema de las feministas que dicen que si nosotros, los machos, quedáramos embarazados, el aborto sería libre? ¿Por qué no se legaliza el derecho al aborto? ¿Será porque entonces dejaría de ser el privilegio de las mujeres que pueden pagarlo y de los médicos que pueden cobrarlo?
Lo mismo ocurre con otro escandaloso caso de negación de la justicia y el sentido común: ¿por qué no se legaliza la droga? ¿Acaso no es, como el aborto, un tema de salud pública? Y el país que más drogadictos contiene, ¿qué autoridad moral tiene para condenar a quienes abastecen su demanda? ¿Y por qué los grandes medios de comunicación, tan consagrados a la guerra contra el flagelo de la droga, jamás dicen que proviene de Afganistán casi toda la heroína que se consume en el mundo? ¿Quién manda en Afganistán? ¿No es ese un país militarmente ocupado por el mesiánico país que se atribuye la misión de salvarnos a todos?
¿Por qué no se legalizan las drogas de una buena vez? ¿No será porque brindan el mejor pretexto para las invasiones militares, además de brindar las más jugosas ganancias a los grandes bancos que en las noches trabajan como lavanderías?
Ahora el mundo está triste porque se venden menos autos. Una de las consecuencias de la crisis mundial es la caída de la próspera industria del automóvil. Si tuviéramos algún resto de sentido común, y alguito de sentido de la justicia ¿no tendríamos que celebrar esa buena noticia? ¿O acaso la disminución de los automóviles no es una buena noticia, desde el punto de vista de la naturaleza, que estará un poquito menos envenenada, y de los peatones, que morirán un poquito menos?
Según Lewis Carroll, la Reina explicó a Alicia cómo funciona la justicia en el país de las maravillas:
–Ahí lo tienes –dijo la Reina–. Está encerrado en la cárcel, cumpliendo su condena; pero el juicio no empezará hasta el próximo miércoles. Y por supuesto, el crimen será cometido al final.
En El Salvador, el arzobispo Oscar Arnulfo Romero comprobó que la justicia, como la serpiente, sólo muerde a los descalzos. El murió a balazos, por denunciar que en su país los descalzos nacían de antemano condenados, por delito de nacimiento.
El resultado de las recientes elecciones en El Salvador, ¿no es de alguna manera un homenaje? ¿Un homenaje al arzobispo Romero y a los miles que como él murieron luchando por una justicia justa en el reino de la injusticia?
A veces terminan mal las historias de la Historia; pero ella, la Historia, no termina. Cuando dice adiós, dice hasta luego.

sábado, 9 de mayo de 2009

Cinco añitos más


Paco Moreno

El presidente García se muere por quedarse, pero, si no pudiera, ayudará a otro parecido a él para que le cubra las espaldas. Para eso son las malas artes contra Ollanta.El juego del presidente García es hacer que el legislador José Vargas proponga la reelección, Yehude la niegue y él permanezca callado para que nos preguntemos en qué está pensando.

De esta forma vuelve a estar en el tintero la idea de que de su persona depende la decisión de gobierno del 2011. Puede que no haya ninguna reelección porque el ambiente no lo facilita, pero el presidente que se elija debe parecer un clon político del actual, más aún, alguien que le deba la banda y que probablemente se la estará devolviendo después de cinco años.

Obviamente que Ollanta Humala, a quien García quiere sacar del camino con malas artes, es el peligro real o ficticio, que el mandatario utiliza para movilizar a las fuerzas sanas del país: banqueros, inversores trasnacionales, miembros de la Confiep, directores de medios oficialistas, servicios de inteligencia propios y foráneos, y otros para lograr el estado de salvación que consiste en que nada cambie y muy poco se mueva.De este poder le hablaba el presidente el 24 de marzo ante los prohombres de la banca nacional e internacional: “En el Perú, el presidente tiene un poder, no puede hacer presidente al que él quisiera, pero sí puede evitar que sea presidente quien él no quiere. Yo lo he demostrado”.

García venció al líder izquierdista Alfonso Barrantes en 1985; y a Ollanta en el 2006; impidiendo de esta manera que lleguen al poder hombres que quisieron cambiar las cosas, y lo hizo poniéndose en el medio de la polarización izquierda-derecha que reflejaba las grandes disyuntivas del pueblo peruano. En el 90, se negó a ser neutral frente a las elecciones, y jugó con malas artes contra la candidatura de Mario Vargas Llosa, que había ofrecido investigarlo por corrupción y mandarlo a la cárcel. Así nos trajo al mundo a Fujimori, que hoy se encuentra condenado por crímenes contra los derechos humanos y que próximamente será procesado por corrupción.

O sea que tenemos en García a un personaje obseso con el poder en todas sus formas. “Si no soy yo, entonces que sea alguien quien yo apruebe”, sería su frase favorita. Si se le quitara a García la mamadera del poder, moriría desinflándose poco a poco.Para llegar al poder, García nos quiso hacer creer en el 2005 que había llegado de Europa convertido en un socialdemócrata responsable; por el poder, el presidente nos mintió en todos los idiomas; por el poder, el jefe de Estado daría lo que fuere, haría lo que fuere (lea Correo).

Que Yehude quiera convencernos de que está al tanto del pensamiento íntimo de su jefe político es algo que muy pocos toman en serio. Su papel es apenas el de ofrecer bálsamos ante los lados más irritantes del estilo alanista. El poder es el alimento de García y no es difícil darse cuenta de que lo disfruta de manera constante.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Recesión actual no tiene precedentes

Confirman que el discurso optimista del gobierno sólo agravó más la crisis económica en el país.

Los países en todo el mundo han ingresando en una recesión mundial sin precedentes y el Perú no es ajeno a esta crisis.

En este escenario, los economistas Óscar Dancourt y Pedro Francke lamentaron que, debido al discurso optimista del gobierno central que aseguraba que el país estaba blindado, se haya perdido seis meses valiosos, entre setiembre 2008 y febrero 2009, para tomar acciones frente a ésta, tiempo que permitió la rápida desaceleración de la economía nacional, con los resultados que ahora lamentamos todos los peruanos. Para el profesor de la Universidad Católica Óscar Dancourt la implementación del Plan de Estímulo Económico (PEE) demoró demasiado, además de ser mal enfocado o diseñado.
Explicó que los S/. 10 mil millones con los que cuenta el plan anticrisis, en su mayoría está destinado a incrementar la inversión pública, pero dicha inversión sólo equivale a 2% del Producto Bruto Interno (PBI). Mientras tanto, el Banco Central de Reserva (BCR) prevé que las exportaciones para el 2009 disminuirían entre 7 u 8 mil millones de dólares –cifra que representa 7% del PBI- en comparación al 2008 que sumaron US$ 32 mil millones.
“Si somos positivos y pensamos que el gobierno logrará invertir todo el dinero del PEE, éste no cubriría el déficit que dejaría la reducción de las exportaciones”, estimó y advirtió que la política del Ministerio de Economía de reducir en 18% la inversión pública para el presente contribuyó a la contracción de la economía.Dancourt recalcó que actualmente la economía nacional tiene dos problemas que afrontar: la recesión y en el futuro el alza del dólar.

El primero puede ser combatido con políticas fiscales adecuadas como incrementar el gasto público, reducir la tasa de intereses del Banco Central, entre otros. Sobre la apreciación del dólar, indicó que el BCR tiene grandes cantidades de reservas para hacer frente al alza de la moneda estadounidense pero ante la incertidumbre de no saber cuándo terminará la crisis económica “no sabemos si las divisas serán suficientes”.

Falta un cambio de modeloPor su parte, Pedro Francke, director de la revista Bajo la Lupa, indicó que la actual crisis financiera que ha traído a bajo a la economía de las grandes potencias y de las entidades más poderosas en todo el mundo, exige un cambio del modelo económico que es el responsable de la recesión que afrontan los países.
“Estos genios de la industria que controlan la economía mundial perdieron US$ 8 trillones, cifra que equivale a repartir US$ 7 mil a cada uno de lo más de 1 mil millones de pobres de todo el mundo”, acusó.

El debate sobre el desarrollo en tiempos de crisis

El peligro de volver a comenzar

Koldo Unceta(*)


¿Tiene sentido debatir sobre el concepto de desarrollo en medio de una crisis como la actual? ¿Hay lugar para otras prioridades, más allá de cómo crear empleo, cómo evitar el avance de la pobreza, o cómo garantizar la financiación de la actividad económica…? ¿Acaso podemos preocuparnos ahora por nuevas orientaciones para el bienestar humano, cuando éste se ve amenazado en primera instancia por una profunda recesión económica?Es posible que muchas personas respondieran negativamente a estas interrogantes.

Y lo más probable, además, es que lo hicieran con rotundidad. Y es que, como ya ocurriera en otros momentos de la historia, la preocupación por afinar en la definición del progreso humano tiende a difuminarse en épocas de crisis, en las que sólo lo más inmediato y perentorio parece tener un lugar en las preocupaciones políticas y académicas.Sin embargo, es posible que tales debates tengan hoy más sentido que nunca. En primer lugar, porque nos encontramos frente a una crisis global, sistémica, distinta de todas las anteriores, pese a tener algunos componentes también presentes en ellas. Una crisis que trasciende el ámbito de los que comúnmente –y en contra de Aristóteles- se considera lo “económico”, para afectar de lleno a la política, el ambiente, la cultura, etc., es decir, al modelo de desarrollo.


Y en segundo término, porque la crisis que actualmente azota a muchos millones de personas en todo el mundo, hace que se sumen a los cientos de millones que, en muchos países, ya vivían en la miseria antes de que nadie hablara de las hipotecas basura. Esta es una crisis inseparable de las ideas y los conceptos que se han ido imponiendo en las últimas décadas sobre cómo se entiende el progreso y el bienestar humanos. De nuevo nos encontramos ante el tema del desarrollo.Estas dos cuestiones hablan de la pertinencia y actualidad del debate sobre el modelo económico y social, como elemento básico para entender muchos aspectos de la crisis, e incluso su propia naturaleza.


Se trata de asuntos directamente relacionados con el diagnóstico de lo que está ocurriendo. Pero, dadas su especial naturaleza y sus múltiples dimensiones, una mirada rigurosa sobre la crisis no debería abarcar únicamente al pasado más inmediato, sino referirse a un período considerablemente más extenso. Es necesario examinar una larga trayectoria, en la que los medios e instrumentos que supuestamente debían servir para avanzar hacia el bienestar, la libertad, la equidad, y la sostenibilidad, fueron paulatinamente convertidos en fines en sí mismos, con las consecuencias que hoy conocemos.Es evidente –pues, por fin, existe un amplio consenso al respecto- que las políticas desreguladoras, auspiciadas por gobiernos y organismos multilaterales durante las últimas dos décadas, están en la base de profundos desequilibrios y asimetrías en algunos mercados (especialmente los financieros y, en algunos países, los inmobiliarios) que han acabado por reventar, generando un tsunami que ha afectado al conjunto del sistema económico.


Son ya muchos quienes sostienen, además, que dichas políticas han favorecido prácticas financieras y empresariales desastrosas, generadoras de precariedad laboral e inseguridad humana, mientras paradójicamente alimentaban un modelo de consumo tan alocado como insostenible. Es decir, no hay duda de que la crisis tiene causas, bien identificadas, que tienen que ver con la deserción del Estado y, en general, de las instituciones económicas que abdicaron de su función principal –garantizar el bienestar humano y la estabilidad del sistema-, para dejar en manos del mercado el destino de las personas. Nos encontramos frente a graves problemas que hunden sus raíces en procesos que vienen de lejos, y que tienen que ver con muchos de los debates en los llamados “Estudios sobre Desarrollo”.


Frente al optimismo de quienes pensaban que todo quedaría resuelto a través del crecimiento económico, ya en los años sesenta y setenta del siglo pasado algunas voces comenzaron alertar sobre sus limitaciones, así como sobre las nuevas amenazas que podían derivarse de un crecimiento ilimitado. Así, algunos problemas, como la redistribución y la pobreza, las negativas afecciones al medio ambiente y los recursos naturales disponibles, las restricciones de la libertad y los derechos humanos en nombre del crecimiento, y otros más, pasaron a formar parte de del debate. Algunos autores caracterizaron el modelo surgido como maldesarrollo, subrayando sus características globales, sistémicas, capaces de englobar las categorías hasta entonces más comúnmente empleadas (desarrollo y subdesarrollo).


Sin embargo, la grave crisis del modelo de acumulación capitalista habida en los años setenta, la incapacidad de las políticas keynesianas convencionales para hacerle frente, y la paulatina consagración de la nueva ortodoxia neoliberal, lograron dejar en un segundo plano aquellas sensatas preocupaciones. Peor aún: el continuo reduccionismo intelectual, y el avance del llamado por algunos “pensamiento único”, dejaron inermes a los teóricos del desarrollo para afrontar los nuevos retos que se presentaban, derivados esta vez del avance de la globalización y de la creciente transnacionalización de los problemas en presencia.


En una palabra, el maldesarrollo se agudizaba, mientras la investigación sobre el mismo se debilitaba, y la “oficialidad” se mostraba despreocupada, cegada por el espejismo de la orgía de crecimiento y consumo de los últimos años.En estas circunstancias, existe el peligro de que –como ha sucedido en otras ocasiones- todos los esfuerzos políticos e intelectuales se concentren en volver a comenzar con el crecimiento económico. Enfrentamos el riesgo de intentar recuperar cuanto antes, y a cualquier precio, la senda del crecimiento económico y que, en consecuencia, queden postergadas cualesquiera otras consideraciones, incluidas las relativas a la equidad, la sostenibilidad, o los derechos humanos, ahondándose así en las características del mencionado maldesarrollo.


En caso de tener “éxito”, una estrategia de ese tenor podría satisfacer los intereses y preocupaciones de corto plazo de los grupos económicos y sectores sociales con más capacidad de incidir en la opinión pública y en la toma de decisiones políticas, en detrimento de un desarrollo humano y sostenible capaz de representar una alternativa de bienestar universalizable, a la vez que compatible con los derechos de las futuras generaciones.


Pero ello no podría evitar la recurrente irrupción de crisis sociales, ambientales y políticas, inherentes a un modelo económico desequilibrado, frágil, y crecientemente inestable. De ahí la necesidad y la urgencia de plantear alternativas a la actual crisis que vayan más allá de lo coyuntural y que, en línea con las exigencias del desarrollo humano y la sostenibilidad, planteen cambios estructurales en la manera de organizar la producción y la distribución, al servicio de las personas y acordes con la preservación de los recursos. De ahí la importancia que, en momentos como los actuales, tiene el debate sobre el desarrollo.


(*)Catedrático de Economía del Desarrollo de la Universidad del País Vasco (España). El presente artículo ofrece algunas ideas elaboradas en el ensayo “Desarrollo, Subdesarrollo, Maldesarrollo y Postdesarrollo. Una mirada transdisciplinar sobre el debate y sus implicaciones”, que acaba de publicarse en Carta Latinoamericana nº 7,