Editor: Antenor Maraví
Confidencias en Alta Voz

viernes, 27 de abril de 2012

CODEHICA: 30 años de amor y solidaridad humana

Por: Antenor Maraví Izarra(*)

 
 La fecha fundacional de la Comisión de Derechos Humanos de Ica (CODEHICA), que un día como hoy, hace 30 años, además de haber colocado los primeros hitos de entrega y decisión inquebrantables, con el compromiso de promover y defender los derechos individuales y colectivos del pueblo iqueño, inevitablemente nos recuerdan los años en que la violencia convertida en una vorágine letal, asoló con tanta vesania contra la dignidad y los derechos humanos de los miembros de la gran familia peruana.
En esta doliente realidad, en pueblos como Ica, en que no pocos mofletudos y algunos miembros agonizantes de la pequeña burguesía, acostumbrados a mirar desde el balcón de sus indiferencias, los hechos dolorosos que cotidianamente acontecieron en estos lares y otras latitudes del país. La erupción de Codehica con sus exigencias y planteamientos sin cortapisas ni tapujos en la defensa de los derechos humanos, en un Estado de derecho y democracia, sin restricción alguna, es posible que a más de uno les haya causado salpullidos, empero esta institución naciente en el calor y apoyo de varios gremios y luchadores sociales, identificados con la defensa y el quehacer social y económico al servicio del pueblo, plantó sus raíces  en tierra fértil.
A pesar de los días difíciles que confrontaron en materia económica, pero llenos de buena voluntad, desde  los primeros días del mes de Mayo de 1982, por su tesonera y esforzada labor, poco a poco fueron ganando la confianza y el apoyo del pueblo, convirtiéndose a la postre en una institución referente y guía en materia de derechos humanos.
Son innumerables los hechos y gestas memorables acontecidos en el velamen de esta institución, que en honor a sus protagonistas y en particular a su fundador P. José Manuel Miranda Azpiroz, hoy retrotraemos una nota escrita a propósito del Gran Recital Poético Internacional que se llevó a cabo hace cinco años, con ocasión de conmemorarse sus Bodas de Plata. Decíamos entonces en uno de los párrafos de su presentación: Es posible, que más de uno se haya preguntado, ¿Por qué una verbena serenata cargada de poesías? O en todo caso alguien aún diga, ¿Qué tienen que ver los poetas en un evento de esta índole?.
Octavio Paz, uno de los más grandes poetas hispanos, en un evento similar, respondió lo siguiente y hacemos nuestra una vez más su magistral respuesta: “Es que los poetas expresan con el alma sus experiencias y nadie mejor para valorar y reconocer las maravillosas tareas que cumplen quienes defienden y promueven los derechos del ser humano. Los poetas mediante la palabra, mediante la expresión de su experiencia de los hombres, procuran hacer sagrado al mundo, con la palabra consagran la experiencia de los hombres y las relaciones entre el hombre y el mundo, entre el hombre y la mujer, entre el hombre y su propia conciencia. No pretende hermosear, santificar o idealizar lo que toca, sino volverlo sagrado.
Por eso, los poetas, agrega Paz, desde lo más profundo de sus sentimientos, no escatimamos en valorar, aplaudir y a veces hasta llorar al lado de quienes defienden y sirven los derechos del ser humano, considerado como el templo superior de la creación divina. ¡Un abrazo especial para la gran familia de Codehica!!!!!!.


(*) http://www.lavozdeica.com

miércoles, 18 de abril de 2012

Tiempos de concertación e imaginación gubernativa


Por: Antenor Maraví Izarra(*)



Tal como vienen aconteciendo los hechos, envueltos en las viejas marañas de Doe Run, en la Oroya y el esperado informe que se dió el último martes sobre la posible viabilidad de las minas de Conga frente a las incansables protestas del pueblo cajamarquino, que duda cabe, estamos encaminados a compartir tiempos difíciles, llenos de encrucijadas, donde la ira y las turbulencias parecieran festinar contra la necesaria concertación y armonía democrática que debiera imperar.

El país empieza a crujir ensangrentado y sin mecanismos accesibles a la solución de esta vorágine que algunas fuerzas oscurantistas parecieran aplaudir. En esta realidad el inusitado informe mediático que desplegó ayer la prensa escrita y televisiva, dedicados a resaltar con grandes titulares al camarada “Gabriel”, autor confeso de asesinatos y del secuestro de 36 trabajadores del Gas de Camisea, pintan de cuerpo entero las cuentas pendientes que se tienen que reconocer en materia de estrategias y servicios previsores que deben salvaguardar la seguridad integral y el consiguiente desarrollo de los pueblos.

Estos problemas y otros tantos que subyacen embolsados a nivel nacional, ciertamente es preocupante, empero, a pesar de todo, el Perú es más grande que sus problemas coyunturales, el horizonte nacional sigue ofreciéndonos variadas opciones de real desarrollo, tal el caso de la olvidada provincia de Pisco, que recientemente el Ministro de Vivienda y Construcción, René Cornejo Díaz, sin mayores ditirambos publicitarios, ha dado a conocer en la entrevista concedida a la periodista Rosa María Palacios, que a efectos de promover el turismo y honrar sus históricas playas, viene construyendo a lo largo de sus riberas un conjunto de parques, alamedas y malecón para uso de los veraneantes.

A propósito, en la edición del 12 de enero del presente año, referente a Pisco, en esta misma columna hemos sugerido un petitorio indirecto al actual Presidente de la Región Ica, Alonso Navarro, en el que como un homenaje al próximo bicentenario del Desembarco de la Expedición Libertadora al mando del General Dn José de San Martín en la bahía de Paracas, a cumplirse el próximo 8 de Setiembre del 2020, debería incluir en los proyectos de obras, la construcción de un Hospital Geriátrico y la habilitación de un gran malecón que enlace Paracas con Pisco, pero vaya sueño atrevido e iluso, es posible que el presidente ni siquiera se ha enterado, especialmente sus asesores y adláteres, acostumbrados a tomar gestiones en más de las veces, cuasi aldeanas, sin visión ni atisbos de sentimientos en honrar la memoria y los legados históricos de los pueblos, ni siquiera hayan ojeado la referida modesta sugerencia.

Para evitar futuros casos, similares a Kepashieta, Conga, La Oroya y la presencia de futuros Gabrieles, es menester recordarles a los gobernantes de aquí y allá, gobernar es saber escuchar, buscar y aceptar la participación de la ciudadanía en la toma de decisiones que le atañen y en el control de la ejecución, entre otros, en la búsqueda de solución de los graves problemas sociales que siguen latentes. Para que un país funcione en democracia, se requiere que la población se identifique con el Estado y lo sienta suyo.


martes, 27 de marzo de 2012

Las ratas de la India y el Perú

Por:  Antenor Maraví Izarra (*)

Ica: Crean comisión que verá anomalías en reconstrucción


En una comarca ribereña, en la India, existe una versión poco conocida sobre el comportamiento de los roedores, que cada cierto tiempo, sabe Dios, bajo que impulso o causas misteriosas, en cierta época del año, en un largo recorrido enrumban en fila hacia el mar, y desde el acantilado más elevado, uno tras de otro, se lanzan a las olas embravecidas.
Inclusive, en algunas zonas de este milenario territorio de Asia meridional, estos roedores son venerados en los templos y son alimentados con mucha devoción por el pueblo, y como tal, sobre este enigmático suicidio colectivo, se han tejido muchas opiniones, y hay quiénes afirman que el auto castigo es por no haber cumplido bien las tareas  para las que fueron creadas por la divinidad, y como tal, en su auto destrucción liberadora, en la creencia popular deviene como   una expiación, que honra a su especie y al propio pueblo.
En el Perú, estos animales que por lo general viven en cloacas y madrigueras, son calificados como los más astutos, voraces y perniciosos, de accionar noctámbula, son denominadas como ratas, por su multiplicidad en el accionar, es frecuente señalarlos  como símil a todas las personas que hacen de las suyas con el bien ajeno y público. Estos especímenes muchas de ellas de cuello y corbata, parapetados en diversos andamiajes y cenáculos, abundan en todas las instancias gobernativas.
A diferencia de los honorables roedores de la India, la gran mayoría de las ratas peruanas viven oleadas y sacramentadas por la santa indefensión, cargada de infinidad de vericuetos, llámense salas congresales, de justicia, y demás instancias gobernativas e interminables comisiones investigadoras,  en las que, cabalgan muy orondas abrazadas  a la panza de la vieja e inmemorial corrupción e impunidad imperantes.
Por consiguiente, quién o quiénes sean en definitiva, los encargados  de investigar los manejos de los fondos económicos destinados a la reconstrucción de las zonas devastadas por el terremoto del 15 de Agosto del 2007, tendrán que esclarecer sin miramientos ni tapujos, el uso y destino, entre otros, de los donativos de la cooperación internacional ascendente a la suma $ 109’693,443 millones de dólares y la cuenta pormenorizada de los gastos efectuados de los S/. 1,123 millones de nuevos soles, transferidos en el gobierno del ex Presidente García, y  como tal, todas las ratas peruanas que hayan incurrido en delitos, tendrán que ser sancionadas severa y ejemplarmente.
 La memoria de los 513 fallecidos, los damnificados  de 79 mil viviendas destruidas y otras tantas inhabilitadas, amén de los miles de heridos afectados por el dramático terremoto que asoló Ica, Pisco y Chincha, claman ¡Moralización y  Justicia!.


lunes, 19 de marzo de 2012

El pueblo exige cambios y moralización ejemplar

 Por: Antenor Maraví Izarra

 Como alguna vez diría, el poeta Sebastián Salazar Bondy, sin duda, seguimos  formando parte de una raza sentimental cargada de frustraciones y de interminables desencuentros, somos parte de una patria fatigada por sus penas, una tierra cuyas flores se marchitan al amanecer. Nuestro país es amargo y dulce, un corazón clavado a martillazos, un sepulcro en medio de la primavera, un anciano que yace moribundo ante un alud de placeres y esguinces mediáticas de una prensa servil que esconde males mayores y festina escarnios y nimiedades, de relámpagos destructores, donde el destino mayor y las exigencias del pueblo es constantemente flagelada por la impunidad y la indefensión contra la corrupción.
No importan los años transcurridos, la vieja y terrible sentencia de Manuel Gonzáles Prada, no cesa de perseguirnos como una acusación. Donde se pone el dedo brota pus. Tantas veces la hemos repetido, como si al hacerla nuestra y convertirnos, también, en acusadores, pidiésemos menguar la responsabilidad que nos corresponde.
Una podre inmemorial y cotidiana nos cubre y nos infecta, y sigue gritando a los cuatro vientos: Moralización. No hay peligro más grave para la democracia y la gobernabilidad transparente de un pueblo, que la impunidad, que devora el capital político, social y moral, y abre las puertas para la presencia devastadora de esa delincuencia de cuello y corbata. Es hora de exigir cuentas a quienes tienen la responsabilidad de prevenir, investigar y sancionar esta peste social.
Tras la fallida designación de la parlamentaria iqueña, Ana Jara Velásquez como Presidenta de la Comisión Investigadora de los Fondos destinados para la Reconstrucción de las provincias afectadas por el terremoto del 2007, empero, prefirió aceptar y honrar el fajín ministerial en la Cartera de la Mujer y Desarrollo Social. La reciente designación por el Parlamento Nacional del Congresista Eduardo Cabrera Ganoza, como Presidente reemplazante de la referida comisión, nos alienta avizorar que obrará de manera legal y a la vez drástica en los casos que ameriten, para cuyo efecto, entre otros sustentos, tendrá y deberá contar como instrumentos de referencia y verificación, el Informe evacuado por la Comisión que presidió el ex congresista José Vega Antonio en el gobierno del ex Presidente García., en los que  se señalan una serie de hallazgos y precisiones tipificados, de mal manejo de los recursos con aseveraciones de peculados y omisiones de función, en la construcción de infraestructuras en Educación, Salud, Vivienda, etc. sesgados con una serie de vericuetos legales.
Por ejemplo es vergonzante y a la vez censurable la paralización e inopia, con que se ha actuado frente a la inoperancia de los nuevos hospitales de Ica: Regional y Santa María del Socorro, que hasta la fecha siguen como elefantes blancos, pese a haber sido inaugurado uno de ellos, con bombos y platillos.
De veras, hay mucho por hacer Ing. Cabrera, y el pueblo confía en que no defraudará por ser Ud. procedente de una familia de estirpe fundadora de esta Ica, que tanto queremos, pero algunos la siguen maltratando. La paciencia del pueblo no da para más, por encima de las banderías política partidarias, el pueblo exige cambio, moralización y  sanción ejemplar a los corruptos.
(*) www.lavozdeica.com

sábado, 3 de marzo de 2012

CUENTO FINALISTA DEL CONCURSO COPÉ 2010


               Con la sumatoria de nuestra grata complacencia, y las consiguientes

               felicitaciones, publicamos el cuento finalista de la XVI Bienal de Cuentos
               "Premio Copé Internacional 2010" que pertenece al desracado poeta y
               escritor: Ausgusto Rojas Gasco, ex distinguido docente de la Universidad
               Nacional San Luis Gonzaga de Ica. El cuento, figura en el Libro Ayaymama, 
               editado por la Empresa PETROPERU S.A.  

 

 

En la estancia

Augusto Rojas Gasco
El fuete se estrelló en su cuerpo como un fogonazo que lo arrojó del caballo y lo aplastó contra el suelo, y todo fue un ataque de pánico y un dolor de carnes y huesos que lo ofuscaron, hasta el punto de que no atina sino a revolcarse, a intentar escapar arrastrándose, a escudarse con los brazos al divisar que su agresor tras apearse de su cabalgadura se impulsa para patearlo, a dar alaridos cuando el golpe en el estómago lo dobla de dolor y un segundo puntapié en el pecho lo deja tendido boca abajo sobre el suelo. Sobre ese suelo de tierra apisonada donde su verdugo lo deja, con el fin de retornar a su caballo, sacar de la alforja una botella de aguardiente y beber del gollete. Y donde él, mientras tanto, atormentado por el dolor, se abandona para, aprovechando ese respiro, recuperarse aunque sea un poco, y al mismo tiempo para decidir cómo enfrentará a su enemigo, porque de todos modos tendrá que enfrentarlo. Pero no tiene tiempo de nada: un griterío lo sobresalta. Es el barullo de los invitados a la yunza y de los músicos, que han venido de diversos puntos de la explanada y han formado un ruedo alrededor de él y del bandolero.
—Es el cholo Eustaquio.
—Sí. Veinte años en la cárcel lo han envejecido
—No aguantará. Está acabado.
Él sólo logra captar el mensaje mal agüero de algunos de esos chillidos; pero pronto se olvida de ese bullicio y se concentra en sus propias cavilaciones y temores que lo asaltan a la vista, no ya de los asistentes a la yunza, sino de ese cholo alto, joven, fuerte, colorado, de ojos zarcos, con el carrillo abultado por una bola de cal y coca, con una botella de aguardiente en la mano, que lo está mirando burlonamente y se dirige a él con insultos, y que en cualquier momento lo embestirá otra vez. Sólo esos pensamientos lo atormentan. Pero, a poco desde el pretil de la casa le llega un grito, una voz chillona que azuza al bandido.
— Zarco… ¿Qué esperas para matar a ese indio miserable?… ¡Acábalo de una vez!… ¡Qué esperas!
No necesita divisarla para saber quién es. Es doña Santos, la dueña de esa estancia pequeña, con su casa de adobe y techo de tejas; con su tienda; con eucaliptos, sauces y moras, bordeando la explanada; con el árbol de la yunza al centro, y más a la derecha la chacra; y a la izquierda el maguey, la acequia y la pirca del camino. Es la viuda sin hijos, la mujer que tiempo atrás había perdido la piedad por los demás. Le conoce la voz, porque cuando era el bandido más temido, y no el viejo de ahora, ella lo había recibido con afecto; y porque la había escuchado no hacía mucho, cuando tras detener su marcha hacia la chacra que había heredado de sus padres, cometió el desatino de entrar en la estancia para proveerse de víveres.
— ¡Lárgate! —le había gritado ella al reconocerlo, antes de que desmonte—. ¡Si vuelves, te echaré los perros, indio maldito!
Y él, que no buscaba problemas, había doblado el pescuezo de su caballo para salir y continuar su camino, cuando de pronto entraron los bandoleros como demonios, con el poncho arremangado sobre el hombro, el sombrero a la pedrada, empuñando fusiles máuser, con machetes y puñales sujetos a la cintura; y el cabecilla de éstos, el zarco, apenas lo avistó le asestó a bocajarro el fuetazo. Esa quemazón que, con fuete de cuero trenzado, le había abierto la piel, lo había arrojado de su cabalgadura y había empezado el suplicio que lo tiene ahora casi muerto en el suelo.
Por eso no necesita verla para saber quien es. Sólo le preocupa el efecto que sus palabras desaten en el bandido, porque se da cuenta de que ella conoce a éste. Además, sabe de sobra que en la tienda de ella se abastecen todos los forajidos y por eso la respetan.
—Zarco... ¿Qué te pasa?... Qué esperas para matar a ese indio... ¿Qué te pasa?... ¡Mátalo de una vez...! ¡Qué esperas!… ¿Acaso le tienes miedo?
—Ya la escuché, patroncita —le responde el bandido, mientras hacía chasquear el fuete—. No se apure, patrona, aguántese, que a éste lo mato a poquitos... Para que sirva de escarmiento, carajo... Para que todos sepan quién mató al cholo Eustaquio... Pero no lo voy a matar con arma, ni a golpes... Lo voy a matar a rebencazos, como a perro sarnoso, carajo... Y tú, mi amigo —se dirige ahora con sorna a Eustaquio—: Te hemos seguido desde que llegaste de la cárcel de Cajamarca... En el pueblo les decía a mis muchachos que te íbamos a agarrar en la estancia de doña Santos, y ya ves... te atrapé, carajo... Y nadie dirá que maté a un viejo indefenso, porque aquí todos dicen que eres el criminal más temido, jijuna... Mejor te hubiera ido en la cárcel de Cajamarca... Dejuro... Ahora te quiero ver... Te quiero ver, carajo, pidiendo perdón de rodillas... Orinándote en tus pantalones... Dejuro... Pidiendo que te mate, carajo,... Porque no vas a poder aguantar los rebencazos, viejo jijuna... ¡No vas a poder... no vas a aguantar, carajooo...!
Él permanece en silencio. Con el corazón al galope. Asombrado escucha el ruido de esos latidos. Un ruido tan violento como el que hace el chasquido del fuete. Está viejo pero no tanto como aparenta; sin embargo, se siente más viejo y débil que nunca. Con el antebrazo comprueba que el puñal de treinta centímetros se encuentra colgando de su cadera, en su cinto. Arma que la usará en el momento oportuno. Mientras tanto debe aguantar. Pero, ¿podrá aguantar? No podrá aguantar ni siquiera los primeros latigazos. Ha querido cerrar los ojos, pero los ha abierto más, los ha agrandado para ver al bandido que levanta con ímpetu el fuete... y lo descarga. Un fuetazo. Dos. Tres. El bandido, furibundo, lo azota en aspa. Cuatro fuetazos. Cinco. La estancia comenzó a poblarse de gritos, de relinchos y ladridos. Seis fuetazos. Siete. Ocho. Nueve. No podrá aguantar. Cada fuetazo es una quemazón que le hace gritar y gemir, que lo empuja a brincos hacia el maguey, hacia la acequia. El cuerpo se le ha ido despellejando en tiras y pintando de sangre. Diez fuetazos. Once. Doce. Trece. Ahora comenzó a sentir dolores diferentes, desde más adentro. Ahora es cuando empezaron los quejidos para dentro; cuando, además, sintió que algo interno se le descolgaba, que le costaba trabajo respirar. Que se estaba muriendo. Pero es también, cuando él, de pronto, se incorpora como un rayo y ante el asombro de los presentes le asesta al bandido, sin darle tiempo ni para resollar, un puñetazo en la nariz, otro en el estómago y otro en el mentón. Derribándolo.
Pero el zarco es cholo recio, se incorpora de un brinco y, olvidando el fuete que se le ha ido de la mano, acomete con puntapiés y puñetazos violentos. Golpes que a veces Eustaquio logra sortear rotando sobre sus talones, agachándose, pero que las más de las veces le sacuden la cabeza, le aplanan la nariz, le aplastan las orejas, los riñones, las canillas. Entonces, comprendiendo que por la velocidad de los golpes le es imposible contrarrestar a distancia el ataque, Eustaquio arremete con la cabeza gacha, a riesgo de que le partan los labios y los pómulos, y logra abracar al bandido por la cintura, fuertemente, haciéndolo trastabillar, y finalmente haciéndole, con una zancadilla, caer de culo. Oportunidad que aprovecha para martillarlo en el suelo con puntapiés en el estómago, en las orejas, en todo el cuerpo. Pero ocurre que el bandido, tras bloquear la última patada con una mano, coge con la otra la pierna que sirve de apoyo a Eustaquio y lo derriba, y enseguida se le abalanza, y con los brazos le enlaza el cuello y comienza a estrangularlo recostado sobre él. Eustaquio entonces siente que se asfixia como una gallina acogotada, y, como por más que pugna no puede librarse de ese nudo de acero, clava con rabia dos dedos en forma de horqueta en los ojos de su rival, consiguiendo que éste a tiempo que lanza un grito de dolor le quite los brazos. Lo que sí no pudo evitar Eustaquio fue que el bandido, en su desesperación y como único recurso, le planche el pecho con la suela de su bota y lo lance rodando unos metros.
Luego hubo una tregua. Eustaquio no bien se detuvo, se sentó y, resollando, empezó a limpiarse con el poncho la sangre que le fluía de la nariz y de los labios, en tanto que el zarco, con el rostro también ensangrentado, se restregaba los ojos y echaba maldiciones. Pausa que ambos, cansados y adoloridos como estaban, hacen durar más de lo previsto, a pesar de que los invitados les reclaman reanudar la pelea, y de que doña Santos fustiga sin misericordia al bandido, exigiéndole a gritos que liquide de una vez por todas al cholo. Tregua que pudo durar más todavía, de no haber sido porque de pronto uno de los secuaces del Zarco, desde su montura, le arroja a éste un machete que casi le cae en las manos. Eustaquio entonces, advirtiendo esa maniobra, se incorpora rápidamente, se despoja del poncho y dirige la diestra hacia la cintura y saca el puñal; pero no puede usarlo, porque, viendo que el zarco se encontraba a un palmo ya de él, con el machete en descenso, salta ágilmente hacia un costado para esquivar la hoja. Luego brinca otra vez para evitar un segundo machetazo. Lo mismo, ante un tercer machetazo. La rapidez con que el zarco blande el arma obliga a Eustaquio a retroceder a brincos, a la espera de que su rival, por el cansancio, afloje su ataque y le ofrezca un flanco descuidado por donde hundir el puñal. Pero choca con la mesa del banquete, y esta vez con dificultad esquiva la hoja, que pasa y se estrella en el tablero con tal violencia, que lo raja, a la vez que hace saltar en pedazos la vajilla con su contenido. Cuando el bandido, más enfurecido por su desafortunado embate, se vuelve otra vez con el machete en alto, no puede bajarlo, porque Eustaquio con la zurda rápidamente le aprehende la mano, a la par que con la diestra le envía el puñal de abajo arriba. Pero el zarco, a su vez, con increíble habilidad captura la mano con el puñal antes de que éste penetre en su cuerpo. Se produce entonces un forcejeo. Ambos contienen la mano del otro, la mano con el arma, al mismo tiempo que se aplican rodillazos, y cabezazos. Enredo que es breve, porque en un descuido del zarco, el cholo hace fintas de cintura, y se zafa, y enviando el puñal velozmente hacia atrás lo hunde en el brazo izquierdo de su rival, y enseguida se vuelve para embestir nuevamente, pero, el zarco, advertido, recula el pie derecho, ladea el cuerpo, y a la par que sortea al cholo le descarga un machetazo feroz en las costillas.
Cuando Eustaquio cae ya entraba la noche y del cielo encapotado se precipitaba un aguacero de diluvio. En tanto que no muy lejos, por los cerros, empezaron a sentirse los rayos, los truenos y los relámpagos. Sólo entonces Eustaquio comenzó a oír el bramido del Río Chotano, que probablemente a esa hora arrastraba árboles, lodo, o algún animal muerto. Sólo en ese momento, también, atisbó la dolorosa herida que sangraba; una herida que, habiendo el machete tajado su camisa de lino y penetrado por debajo de la axila, le permitía ver parte de sus costillas. Pero el cholo tiene el alma bien puesta. No siente miedo ni desesperación, sino rabia de estar viejo, y también deseos de reposar apaciblemente bajo ese aguacero, sobre ese suelo de piedrecillas y lodo. De buena gana se hubiera abandonado allí, esperando a que su enemigo lo remate; pero el deseo que súbitamente le asaltó de vivir, de pasar los últimos años de su vida en la chacra de sus padres, rodeado de nostalgias y de paz, le hizo cambiar de parecer. Entonces fue cuando el cholo, a la vez que lanza un grito estremecedor, haciendo un esfuerzo sobrehumano se incorpora como un loco, y voltea con el puñal para embestir al zarco, pero es también cuando éste, que está parado detrás de él con el machete en alto, le descarga un feroz tajo, y enseguida, desdeñando el «crac» de hueso partido y el gemido ronco, se endereza y eleva otra vez rápido la hoja a fin de asestarle un segundo tajo, el machetazo definitivo. Pero el cholo, con una rapidez del demonio, con un movimiento que nadie vio, le hundió el puñal en la boca del estómago de abajo arriba, con tal contundencia que el bandido cayó fulminado. Casi enseguida cayó Eustaquio. Ambos quedaron en un lodazal enrojecido, tiesos, remojándose en el aguacero infernal.
Tomado del libro "Ayaymama y los cuentos ganadores y finalistas de la XVI Bienal de Cuento «Premio Copé Internacional 2010». Ediciones PETROPERÚ

jueves, 23 de febrero de 2012

EMERGENCIA EN ICA: ¡Mucho cuidado con la paciencia del pueblo!


   Antenor Maraví Izarra (*)



Luego de las inundaciones que aún siguen amenazantes, igual que la seguidilla de temblores, y para colmo con la grave secuela de la rotura del tubo colector de desague que ya lleva cerca de un mes en varias zonas de la Av. Los Maestros, tendido a lo largo de dos Km., por cuya razón con la celeridad pertinente Ica, fue declarada en Emergencia por D.S. 012-2012-PCM. Sin embargo, ¿Qué más debe ocurrirle al pueblo iqueño, para que el burgomaestre de la Municipalidad Provincial, antes que sumarse a plenitud a la solución de estos males, extrañamente haya tomado la decisión de coadyuvar la organización adelantada del Festival de la Vendimia del 2 al 12 de Marzo.
No entendemos qué es lo que ha obligado a tomar esta decisión al Alcalde Mariano Nacimiento, que en todo caso, era y sigue siendo el llamado a asumir prioritariamente en todas las instancias la protección preventiva y salvaguarda del pueblo, pues para ello fue elegido. Aquí no importa quién manda a quién, sino quién o quiénes equivocadamente quieren hacer todo lo contrario, convirtiéndose en un caso de Ripley ante la mirada nacional.
Y aquí lo preocupante es que a pesar de que el actual burgomaestre, se encuentra en su segundo mandato consecutivo, llama poderosamente la atención que de manera obstinada no quiera escuchar las innumerables sugerencias y peticiones legales, tanto de las instituciones públicas y tutelares que en diversas oportunidades, sumadas a las protestas del pueblo solicitando la suspensión de la realización de la Fiesta de la Vendimia. ¿Qué es lo que está ocurriendo, que criterios e insinuaciones mal habidas posibilitaron su decisión de marras, ¿O es que acaso creen que la voz del pueblo es un ciruelo tirado y pisoteado en el camino?.
No debemos olvidar que un municipio, es el escalón inicial de una sociedad asociada a una determinada circunscripción territorial, que básicamente debe promover y defender el bienestar de la comunidad a través de una organización, administración y una dirección equilibrada; y como tal, tiene el deber de velar la relación armoniosa de la ciudadanía afincada en una determinada jurisdicción, en la que además de la adecuada aplicación de las normas, quien ostenta el cargo mayor, en este caso el Alcalde, tiene el deber ineludible de escuchar y atender la voz del pueblo.
Frente a estos hechos, posiblemente hay quienes encojan los hombros, y otros tantos, llenen el corral de falsos halagos. Allá ellos; si leyeran un poco encontrarían las claves de sus errores y decisiones equivocadas, que sin duda afectan nuestras posibilidades de integración y desarrollo democrático. Si no leen, y no aprenden, solo servirán para ayayeros de sus propias limitaciones.
Mucho cuidado, cuando la sociedad civil calla, tolera y algún sector, obligados por las prebendas aplauden, todo puede ser afectado, derechos, libertades, la democracia y el buen gobierno… ¡Todo !. De nada sirve reaccionar cuando ya es demasiado tarde.

jueves, 16 de febrero de 2012

Sin Triunfalismos y Medias Verdades

Antenor Maraví Izarra (*)



Tras la caída del narcoterrorista Florentino Eleuterio Flores, denominado como “camarada Artemio”, y la consiguiente erupción mediática del festival de comentarios de toda índole, igual que el regodeo de la prensa nacional, que entre otros, exige hacer conocer a los estudiantes, los dolorosos años de violencia que vivió el país, con cuyos planteamientos estamos de acuerdo, siempre y cuando sean debidamente dosificadas.
Empero, en esa necesaria apertura de contenidos temáticos-educativos, creemos que debe efectuarse con objetividad y un real análisis de lo acontecido. Es necesario y al mismo tiempo, debe abrir las páginas de la verdad, señalándose didácticamente, entre otras, las causas que motivaron esta violencia que dejó un dramático saldo, alrededor de 70 mil peruanos y peruanas muertos o desaparecidos, tal como se señalan en el Informe de la Comisión  de la Verdad y Reconciliación.
Las principales causas que motivaron esta cruenta guerra interna, deben ser señaladas sin tapujos ni medias tintas. El Perú siempre ha sido un país con profundas contradicciones sociales, con abismales diferencias en la distribución del ingreso económico, con una marcada desigualdad en el desarrollo de los pueblos, con nacionalidades, culturas y lenguas fuertemente arraigadas e históricamente opuestas, en muchos casos, sin proyecto nacional, donde la pobreza y extrema pobreza abrazadas a la discriminación inmemorial, siempre cargaron el rostro más doliente de la exclusión.
En esta realidad, ¿Cómo advertir y señalar las dolorosas huellas dejadas por la violencia vivida, cuando la pobreza de un elevado sector de la población nacional, hiere a diario nuestra conciencia nacional, cómo hablar de paz y reconciliación, cuando la corrupción y la impunidad, siguen asfixiando al país?.
No debemos olvidar que el principal componente de la paz y la sana convivencia de los pueblos es la justicia, es la prevalencia de respeto mutuo entre gobernantes y gobernados. Hace miles de años, el profeta Isaías escribió “la paz es el fruto de la justicia”.Cuando se falta a la justicia, se rompe el equilibrio de motivaciones que construye la paz, en esta realidad, la extrema pobreza deviene en violencia estructural por atentar al derecho elemental de la vida que tienen todos los seres humanos.
Para mantener la paz, es necesario que todos seamos justos y trabajemos para que la justicia sea una realidad perenne. Es necesario que siempre y en todo lugar, los derechos y también los deberes de todos sean una realidad en toda persona humana, sin distinción de raza. credo, posesión social, cultura, etc.
En la memoria de nuestros mártires, de nuestros héroes anónimos, civiles y militares, de los miles de muertos y desaparecidos en esa guerra sucia, entre la barbarie y la civilización que asoma  ante los umbrales de nuevos tiempos, preparémonos a no callar jamás. Si realmente queremos la paz, tenemos que decir la verdad tal como es, solamente así estaremos construyendo las murallas de ese grito, ¡Por un nunca más!.
Nunca más a las guerras sucias, nunca más a los genocidios, ningún crimen debe quedar impune. Hay innumerables fosas comunes que reclaman justicia y verdad. Los triunfalismos y las medias verdades, son las fumarolas de quienes no quieren la real justicia y convivencia del Perú en un Estado de derecho y democracia.