Editor: Antenor Maraví
Confidencias en Alta Voz: ¿Y el analfabeto de arriba?

miércoles, 22 de julio de 2009

¿Y el analfabeto de arriba?


Herbert Mujica Rojas

Anunció el presidente García que en los próximos meses, medio millón de iletrados dejaría de serlo merced al impulso de un plan ideado por su gobierno. Interesante pero común oferta a que apelan todos los mandatarios. Está bien. Pero ¿qué hacemos con los otros analfabetos, esos dañinos, cancerosos, letales y grandilocuentes cretinos que abundan en la cosa pública, burocrática y política del Perú? ¿Y los analfabetos de arriba?
¿Cómo reconocer a un analfabeto de arriba? ¡Nada más fácil! Es el idiota que solicitado en declaración periodística, no tiene más original idea que “pedir un paso al costado” de éste o de aquél.
El analfabeto de arriba es incontinente, sólo que esta disfunción no la muestra como el resto en forma discreta o recatada. No. El de marras es exhibicionista, goza en la ridícula exposición de su figura informe y no cesa de ataviarse con los mejores trapos, olvidando que aunque la mona se vista de seda, mona se queda. ¿Cuántos politicantes dan sus conferencias o declaraciones a diario? Toneladas de palabras, gramos de virtud y estupidez a granel.
En todo el enfermo cuerpo social del Perú, el analfabeto de arriba es un profesor suma cum laude. Se atiborra la boca de los términos: espacio, mesa de concertación, consenso, contrato social, pero su interés reside fundamentalmente en el vulgarísimo costo-beneficio de cada actividad. ¿Cuánta prensa consigo con decir tal o cual cosa? es parte de su sesuda reflexión diaria. Entendido es que nada de cuanto profiera se acerca, ni de broma, a más allá que un mugido, un berreo, una acción inercial de sus desmadejadas e informes naturalezas. Es un infeliz de saco y corbata o traje o falda que dice interpretar la voluntad ciudadana y en realidad no hace sino envilecerla. Más aún.
Si usted pide al analfabeto de arriba credenciales académicas, le sacará diplomas de cientos de seminarios, talleres, monsergas por el estilo, a la que fueron inscritos para que figuren en registros, pero ¡eso sí! nunca deja de recabar el certificado. Con eso puede pedir o exigir más dólares. Lo usual y cotidiano es que concurran, a estos saraos disfrazados de cultura política, los asesores, rara vez, menos tullidos que sus jefes ocasionales a quienes no importa nada salvo el cartoncito. El analfabeto de arriba es aliado de cualquier gobierno y practica la fea costumbre de colocar amigotes, amantes, queridos o queridas en las reparticiones del Congreso, de los ministerios, del gobierno ¡de cualquier cosa!
Un importante político hoy olvidado en sus enseñanzas de vida y citado mercantilmente para cohonestar cualquier sacrilegio contra lo que él pensó, Víctor Raúl Haya de la Torre, solía aludir a los analfabetos de arriba porque, decía, eran los más peligrosos, audaces, desvergonzados. En efecto, los capos de la media lengua, los buhoneros de sebo de culebra y que hoy en su partido político fungen de “voceros”, son capaces de justificar las más aberrantes truculencias con la poca envidiable ambición de no parecer algo más tarados que al nacer. ¡De esos abominaba Haya cuando hablaba de los analfabetos de arriba!
En este país en que las lamentables ¡pero privadísimas! separaciones o divorcios de profesionales de la actuación, ocupan primeras planas, en que pandillas de delincuentes intelectuales se roban literalmente (con muchos dólares de sueldo, ciertamente) la fe del pueblo y que empresas transnacionales y sus esbirros criollos, practican la viejísima, secular e imperturbable política del cholo barato y el azúcar, gas o energía caros, los analfabetos de arriba, han llegado a momentos estelares de su oprobiosa existencia. No hay sino que dar un paso y entonces se los encuentra en todas partes. Cualquiera es un señor, lo mismo un burro que un gran profesor. De cada diez, la estadística regala el aterrador cuadro de 7 con tendencia a 8, poblado por esta clase de especímenes. Si hay algo notable, al lado de su zafiedad zoológica, es que provienen de canteras multipartidarias y mezcladas en lodo y verguenza. Es decir, en los fondos abisales, de repente, sí es posible llevar a cabo la anhelada “unión nacional”. ¡Qué desmadre!

No hay comentarios: